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SANTUARIO DE SANTA MARÍA DE DULCIS (BUERA) |
RESEÑA HISTÓRICA |
Según cuenta la tradición popular, fue la aparición de la Virgen en este lugar sobre uno de los panales lo que conllevo la construcción del Santuario y dependencias anexas, así como el apelativo con el que se le conoce desde entonces. Este suceso, según algunos autores del XVIII como el Padre Faci, se remonta al menos al siglo XII, levantándose en el lugar un templo en el que se veneraba la imagen de la Virgen de Dulcis. Este templo fue sustituido a mediados del siglo XVII por el actual. En 1942, todavía se conservaba como único vestigio del primitivo templo, según Ricardo del Arco en su “Catálogo Monumental de la Provincia de Huesca” una talla románica de la Virgen sedente. Desde el siglo XII Buera perteneció a la comunidad eclesiástica de la iglesia de Santa María de Alquézar, apareciendo en esta época la primera mención que se conoce al Santuario de Dulcis, figurando como “de Ocis, de Ozis y d'Ulcis”. Con el tiempo el término derivó en Dulcis, a partir de cuyo momento surgió la leyenda de la aparición de la Virgen sobre un panal de miel, como recoge el citado Padre Faci: “Conservase memoria de aver sido aparecida en el sitio donde oy se venera; aunque se ignoran las circunstancias de tan milagroso sucesso” |
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De la importancia del Santuario en el siglo XVI da cuenta la visita pastoral que en 1560 hace al mismo el obispo de Huesca, Don Pedro Agustín. El hecho de que se realizasen visitas pastorales por separado a Buera y a Dulcis, da cuenta de la importancia del mismo. Es en el siglo XVII cuando se plantea la ampliación del templo, que debido a su importancia y devoción de que era objeto, había dejado al románico del XIII pequeño y obsoleto. Así en el año 1658, concretamente el 19 de agosto, el obispo de Huesca, Don Fernando de Sada y Azcona, concede permiso para construir uno nuevo, que se concluiría en 1664. En la documentación aparecen dos términos cuando se hace referencia al lugar de Dulcis: la Casa y el Oratorio. Parece estar claro que el Oratorio hace referencia al actual templo, mientras que la Casa se correspondería con las posesiones que pudiera tener el Santuario y con las edificaciones anejas al muro sur de la iglesia, que comprenderían la residencia de la Comunidad formada por el Prior y los Capellanes y la hospedería para peregrinos y viajeros. |
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Actualmente solamente algunos vestigios quedan de la Casa que se resumen principalmente en la cisterna para recoger agua y parte de los paramentos de los edificios. Por un documento del siglo XVIII se conoce el aspecto que tenía en aquel tiempo. Se trataba de un edificio de cuatro plantas: la baja contaba con un “corredor grande con una reja a la plaza, un horno para cocer pan, bodega, lagar y 3 cubas de vino. Una cuadra espaciosa”. En el primer piso “hay 6 cuartos con 5 ventanas, sus alcobas y un estudio con 1 ventana. Hay un recibidor grande y un comedor mediano con 3 ventanas, a la plaza, grandes”. En el segundo piso “hay 3 cuartos con poca luz porque sus ventanales abren a la media luna de la cisterna que está en el centro de la casa, donde en el invierno se recoge agua para todo el año. Un comedor grande de uso y una cocina espaciosa. Si los cuartos se compusieran se podrían poner 6 camas”. En el piso alto hay cinco cuartos “con 5 balcones, sus alcobas y un estudio con una ventana, una espaciosa cocina, un corredor que siguen por fuera de las puertas de cuartos y cocina, con 2 balcones y una ventana grande de 2 hojas hacia la plaza”. Al final del corredor había una cama con tres patas que podían repararse a bajo costo, para hospedar a un viajero.
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A partir del siglo XVII, las reparaciones en la Casa fueron cada vez más necesarias y también más escasas. Cuando a comienzos del siglo XIX el Santuario deja de pertenecer a la Colegiata de Alquézar y pasa a depender de la parroquia de Buera, el deterioro se acelera de forma preocupante. Finalmente, con motivo de la Guerra Civil de 1936 se produce la decadencia total de Dulcis, ya que según recogen las autoras citadas, “se carecía de todo lo necesario para celebrar la Misa y el coste aproximado de las reparaciones ascenderá a 20.000 pesetas”. En la segunda mitad de este siglo se acometen obras para intentar consolidar y restaurar los edificios anexos a la iglesia. Una serie de desgraciados accidentes durante las mismas hicieron tomar la decisión, de dado el mal estado en que se encontraban las dependencias, demoler todo quedando únicamente lo ya visto.
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