Este sistema de cambio de abovedamiento se da también en la torre de Belmonte de Gracián, aunque aquí se pasa directamente de las bóvedas de medio cañón escalonadas a las de aproximación de hiladas.
Del porqué de este sistema combinado de bóvedas en una misma torre no hay unidad de criterios, al igual que sucede a la hora de su datación y tipología. A continuación se exponen las hipótesis que presentan los dos autores que más han profundizado en el estudio de la torre.
Para Gonzalo Borrás, la inclusión de bóvedas de crucería sencilla se debería a una especie de experimento realizado por el alarife, mientras que la utilización de los otros dos tipos sería una especie de eslabón de enlace entre el antiguo sistema utilizado en los alminares almohades en el siglo XIII y el que se usaría a partir del siglo XIV en las torres mudéjares aragonesas, que perduró hasta el siglo XVI en que se sustituyó por las bóvedas de arco rampante.
Por otro lado, Agustín Sanmiguel opina que, en cuanto al cambio de cubrición en Belmonte de Gracián está justificado por los materiales empleados, argamasa de yeso y ladrillo, aspecto que no se da en Ateca, donde toda la obra es de ladrillo. Para este autor la combinación de sistemas fue una forma de demostrar el alarife su dominio de la técnica del ladrillo, y en ningún caso una improvisación o ensayo, ya que no parece lógico pensar que no tuviese claro desde el principio que tipo de abovedamiento iba a emplear. Termina diciendo que “si en la torre de Ateca el primer y tercer tipo de bovedillas son normales, el segundo muestra una solución atípica y disparatada, por su innecesaria complejidad, aunque no hay que negar que ha dado tan buen resultado como las otras”.