El elemento más interesante sin duda, rescatado hasta el momento del olvido y del enlucido y encalado, es el magnífico púlpito mudéjar adosado al lateral del arco diafragma que separa el espacio central del lateral del Evangelio. Ya en un primer vistazo se ve que es un púlpito excesivamente elaborado para una pequeña ermita, lo que hace pensar en su primitivo uso como iglesia del castillo medieval con la cual ya estaría de alguna manera más acorde. No olvidemos que los pocos ejemplares de púlpitos mudéjares que han llegado hasta nosotros se encuentran en grandes templos o espacios (Santas Justa y Rufina de Maluenda, Santa Tecla de Cervera de la Cañada, Santa María de Ejea o Sala de las Limosnas del Palacio Episcopal de Huesca), sin olvidar los desaparecidos de los que tenemos noticias: Montearagón, Casbas o concatedral de Monzón. En pequeñas iglesias se hacían más sencillos, como es el caso de la parroquial de Anento.
Algo sin duda meritorio, y que hay que agradecer a Joaquín Soro, es el haber destapado sin apenas dañarla la rica ornamentación que cubre sus paños y parte inferior, que aparecía completamente lisa por enlucidos y encalados.