Según Gonzalo Borrás se trataría de una reforma realizada, aproximadamente, en el siglo XVII con el objeto de reforzar esta parte alta de la torre, de tal manera que permitiera elevar sobre la misma un cuerpo de campanas octogonal, al estilo de las torres-campanario mixtas que se habían generalizado a partir del siglo XVI. Parece ser que no se realizaron bien los cálculos, y al cargar los pilares y pilastras sobre la primitiva estructura mudéjar se dañó la misma produciendo agrietamientos que todavía son visibles, con lo que hubo de paralizarse el proyecto. De esta forma, lo que iba a ser un alargado y esbelto campanario octogonal, quedó reducido al pequeño remate que hoy observamos. Esta opinión viene a rectificar la que mantenía en su primera obra sobre el arte mudéjar aragonés, en la que opinaba que se trataba de una solución singular para cubrir el cuerpo de campanas y compensar la debilidad de las paredes exteriores de la torre en esta parte alta.