A diez kilómetros de Cariñena, al pie de la Sierra de Algairén, se encuentra Encinacorba. Dentro de su casco urbano se conservan interesantes muestras de arquitectura civil de estilo renacentista levantadas en los siglos XVI y XVII.
Entregada la villa a la Orden del Temple por el rey Ramón Berenguer IV en 1175, el obispo de Zaragoza les cedió al año siguiente la iglesia. Una versión más antigua habla de la cesión a los templarios en época más temprana, alrededor de 1120. Según Jerónimo Borao en 1125 la orden templaria concede a los vecinos de Encinacorba la Carta de población, erigiendo la nueva localidad cristiana en el lugar conocido como Media-villa junto a una encina torcida o corvada, de donde derivaría su nombre.
Tras la disolución de la Orden del Temple, Encinacorba pasa a depender de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, convirtiéndose en cabecera de una encomienda hospitalaria que llevaría su nombre.
En la parte alta del pueblo se levanta la iglesia parroquial de Santa María, edificada dentro del solar que ocupaba el castillo hospitalario, del que solamente restan pequeños vestigios, entre ellos la base de la torre-campanario.
La fábrica actual del templo se puede fechar en el siglo XVI, concretamente Carlos Lasierra data su construcción en el primer tercio de este siglo. Tal y como expone Gonzalo Borrás, la noticia que recoge Espés según la cual el 18 de julio de 1405 el arzobispo de Zaragoza concede licencia a los de Encinacorba para ampliar la iglesia parroquial y fabricar en ella una capilla y altar con su retablo de las santas Águeda y Polonia, no se corresponde con el actual edificio. Las obras a que hace referencia Espés, si llegaron a realizarse, fueron totalmente enmascaradas por la posterior edificación mudéjar.