Después de la restauración el templo quedó sin culto y habilitado como espacio museístico donde se exponen los restos que, fundamentalmente de época románica y, concretamente de su primitiva portada, se hallaron durante la misma.
Aunque nos salgamos un poco más del tema del mudéjar, parece necesario hacer una referencia a estos restos y a la portada citada. Durante la restauración se descubrieron un total de diecisiete piezas relacionadas con la fábrica anterior del templo. De ellas corresponderían a la portada tres basas, cuatro tambores de un fuste, tres capiteles y dos ábacos tallados sobre bloques de piedra sillar. Por estos hallazgos se ha podido relacionar esta portada con el taller del Maestro de Agüero, quien realizó las portadas de San Salvador de Ejea, Santa María de Sangüesa y San Gil de Luna, todas ellas en localidades en el entorno de Tauste, además de las de San Pedro de Huesca y Santiago de Agüero.
Esta vinculación se basa fundamentalmente en la temática que se representan en dos de los capiteles encontrados. En el primero de ellos aparece uno de los motivos identificativos del maestro de Agüero: una bailarina contorsionada con largos cabellos sueltos, acompañada de un arpista. (el mismo motivo lo podemos ver en San Pedro de Huesca, San Gil de Luna, San Salvador de Ejea, Santiago de Agüero, San Nicolás de El Frago y San Miguel de Biota)