Para contemplar el tercer elemento de interés dentro del edificio catedralicio debemos de internarnos en una zona no habilitada para las visitas al público, y a la que pudimos acceder gracias a la amabilidad de don José María Nasarre, quien nos la dio a conocer, al igual que las dos capillas anteriores, puesto que no había encontrado ningún referente bibliográfico a la existencia de estas pervivencias mudéjares en la Catedral. Tengo que decir que en principio solamente iba a ver el Púlpito de la Sala de las Limosnas y el alfarje del Salón del Tanto Monta, encontrándome con la sorpresa de que había otros testimonios de este estilo tanto en este templo como en el de San Pedro el Viejo, que también figura en esta web gracias a la información de Don José María.
A través de la sacristía se llega al inicio de una escalera de caracol renacentista que lleva hasta la zona alta de la parte posterior del Retablo Mayor, concretamente del óculo, donde se abre una magnífica puerta de madera, cobijada por arco de medio punto, decorada con motivos de tradición mudéjar a base de dos grandes estrellas de ocho puntas como temas centrales decoradas en el espacio interior con temática floral. En los laterales se crean formas hexagonales que se rellenan con motivos de candelieri.