En pleno valle del Jiloca, en la margen derecha del río, se ubica la localidad de Burbáguena, de ilustre pasado histórico, lo que demuestran las diversas casas nobiliarias que salpican el casco urbano. Como localidad ribereña no le podía faltar su rambla, que aquí llaman “del Puerto” que divide al pueblo en dos partes, y que en épocas de fuertes lluvias canaliza todas las aguas procedentes de los barrancos orientados desde la sierra de Cucalón, llegando a cortar en ocasiones la antigua carretera N-330, a cuya margen se extiende el pueblo.
De todas sus construcciones destaca la iglesia parroquial, obra barroca del siglo XVIII. A pesar de ser construcción tan tardía, es muestra de lo profundamente que arraigó en estas tierras el estilo mudéjar, ya que tanto la torre, como el cimborrio y otros pequeños detalles demuestran una clara pervivencia, tanto de materiales, como la forma constructiva y de motivos decorativos propios de aquél.
El actual edificio es obra de Francisco Subirón, maestro de obras natural de Anento y residente en Burbáguena. Según documentación de la época, en 1745 comienza el derribo de la antigua iglesia que había sido remodelada y ampliada en 1592, probablemente en estilo mudéjar. En 1746 se coloca la primera piedra del nuevo templo, finalizándose la cubrición del mismo hacia 1765, siendo bendecido en 1768, aunque todavía faltaban de realizar algunos elementos como la portada, cancel y los retablos.