En la margen derecha del río Ebro, a 41 kilómetros de Zaragoza, se localiza Quinto, también conocido con el apelativo “de Ebro”. Su casco urbano, formado por sinuosas calles de origen morisco, se extiende por la falda de unas colinas.
Ya antes de llegar a la población se puede ver en lo alto del montículo de “La Corona” la figura del “Piquete” nombre que se da en el pueblo al edificio de su antigua iglesia parroquial de La Asunción de Nuestra Señora.
La fábrica actual es producto de varias fases constructivas que abarcan desde el siglo XV hasta el XVIII. Las dos primeras corresponden a su fábrica mudéjar.
Sobre la construcción de la primitiva iglesia disponemos de las noticias que proporciona Diego de Espés en su “Historia eclesiástica de la ciudad de Zaragoza”. En primer lugar, hace referencia a la decisión del arzobispo zaragozano don García Fernández de Heredia, a la vista de la ruina que padecían varias iglesias de la diócesis, de consignarles de nuevo las rentas de las primicias destinadas a la Corona para los gastos de las guerras. Uno de estos casos fue el de Quinto, a cuyos vecinos concede el arzobispo el 3 de marzo de 1401 las primicias para reparar la iglesia que debía de encontrarse en un estado deplorable.
Una segunda referencia del mismo Espés hace mención a que el 14 de agosto de 1416 los vecinos de Quinto solicitan permiso al arzobispo don Francisco Clemente Pérez para erigir un altar dedicado a Santa Ana, por quien el pueblo siente gran devoción, en la iglesia parroquial de la villa.
A la vista de ambas citas se puede concretar que la iglesia mudéjar se inició con posterioridad a 1401 y que, es de suponer, estaba finalizada ya en 1416 cuando los parroquianos solicitan permiso para colocar un nuevo altar en la misma.