Cuando preguntamos sobre los monumentos mudéjares de Teruel, nos suelen citar la Catedral, San Pedro y las torres de El Salvador y San Martín, incluso puede que alguien nos hable también de las escalinatas del Óvalo, pero serán muy pocos los que se acuerden o conozcan la torre de la iglesia de la Merced, gran olvidada dentro del repertorio mudéjar de la ciudad y que ha quedado eclipsada por las primitivas construcciones de los siglos XIII y XIV que marcaron un importante hito para el desarrollo de este estilo en Aragón. Este casi abandono no solamente atañe a los visitantes, sino que, los propios estudiosos del tema pasan siempre de refilón sobre la misma cuando hablan del mudéjar turolense, eso cuando la nombran.
Si la torre de la iglesia de la Merced se levantase en cualquier localidad como elemento único, seguro que figuraría en lugar predominante en la ruta mudéjar que transcurriese por el lugar acompañada su descripción de un gran número de alusiones entusiastas a su aspecto estético, sobre todo referidas a su segundo cuerpo. Sin embargo, aquí en Teruel, retirada de los otros monumentos, creo que son pocos son los que se acercan hasta ella para verla, algo que no se debería de producir, por lo que animo a todos aquellos que visiten la ciudad a que, mediante un pequeño paseo se acerquen hasta el arrabal de la Merced para contemplar este interesante elemento del mudéjar del siglo XVI.
Pasando al edificio en sí, hay que comenzar diciendo que fue casi inmediatamente que se forma la ciudad medieval, cuando surgen extramuros pequeños núcleos de población que se asientan cercanos a las puertas principales de la muralla. El principal de ellos fue el enclavado cercano a la puerta de Zaragoza, donde en el siglo XIV se instala el convento de la Merced, de cuya primitiva fábrica nada se conserva a excepción de unos pocos restos arqueológicos que han sido excavados en el interior del templo.