Encima de los arcos se presenta un tema de esquinillas y fustes cerámicos que separa el motivo anterior de un rehundido con dos vanos en amplio derrame al exterior.
Las esquinillas y fustes cerámicos se disponen en tres espacios rectangulares, más anchos los exteriores aunque de longitud desigual.
Así, el izquierdo contiene cinco esquinillas con seis fustes intercalados entre las mismas, el central está compuesto por tres esquinillas y cuatro fustes, mientras que el derecho lo hace por seis esquinillas y siete fustes. En este último encontramos la particularidad de que aparece la cerámica vidriada de color melado en los dos últimos fustes del lado derecho. Parece como si su colocación aquí respondiese más a haberse agotado los verdes y terminar de rellenar los huecos con los melados preparados para la parte superior, que a un esquema decorativo predeterminado.
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Encima abren los dos vanos unidos por un alfiz formado por un rehundido de escasa profundidad que cubre desde las impostas hasta un pequeño tramo encima de las claves de las arquivoltas más externas. La única decoración cerámica, además de los fustes en que apoyan los arcos, la conforman dos platos colocados en el espacio central entre ambas ventanas.
Los vanos cierran en arco de medio punto formado por tres arquivoltas al exterior que apean en fustes o columnillas de cerámica vidriada compuestas por cuatro tramos cada una. Por segunda vez aparece junto al color verde el melado, esta vez dispuesta de una forma simétrica, ya que de este color son las cuatro columnillas centrales que quedan entre las laterales de color verde.
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A partir de aquí, en el resto de los elementos decorativos aparece con más profusión la cerámica de color melado, incluso en los espacios atizonados de las esquinas, discos de este color se alternan con los verdes.
El friso que ocupa la parte superior del rehundido de los vanos está formado por la ya clásica combinación de esquinillas y fustes cerámicos, esta vez todos de color melado.
El motivo lo componen veinte fustes, compuestos por tres cilindros superpuestos, intercalados entre diecinueve esquinillas.
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A continuación una serie de discos cerámicos alternando el verde con el melado dejan paso a tres bandas de azulejos dispuestos a cartabón. En la fachada que mira a la Plaza de la Catedral, ocupando el centro de este espacios se abrió un hueco donde se colocó un moderno reloj que durante mucho tiempo estuvo parado y roto, hasta que fue repuesto hace poco tiempo gracias a una afortunada campaña en medios de comunicación que movió conciencias y ayudó a conseguir la financiación necesaria para su sustitución.
Estas bandas de azulejos combinan el color verde de las exteriores con el melado de la central.
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Ya en la parte alta, tres nuevos recuadros albergan esquinillas y fustes cerámicos verdes. De menor tamaño que los inferiores, los espacios lisos entre ellos se completan con dos platos cerámicos verdes. Una última serie de discos alternando colores melado y verde colocados debajo de la imposta completa la ornamentación del cuerpo.
En esta ocasión los tres recuadros si que están estructurados simétricamente, de tal manera que los exteriores los componen tres esquinillas y cuatro fustes, mientras que el central, un poco más alargado, consta de cuatro esquinillas y cinco fustes.
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