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webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

CONVENTO DE LA CONCEPCIÓN (ÉPILA)


Se sitúa Epila en el denominado Llano de Plasencia, que es en realidad la prolongación de la Ribera del Ebro por la vega del Jalón, en cuya orilla derecha se asienta la villa. El casco urbano estuvo protegido por muralla hasta 1790, quedando todavía algunos restos de la misma.

Hasta el siglo XIX Epila contó con tres conventos fundados por los condes de Aranda: del de agustinos, solamente resta un vestigio de su bodega, ocupada actualmente por un restaurante, mientras que el de capuchinos fue transformado con la Desamortización primero en hospital y más tarde en asilo. Solamente queda el de las monjas franciscanas, habitado todavía por una comunidad de clausura perteneciente a la orden de la Concepción.

El Convento de religiosas descalzas de la Concepción se halla próximo al Palacio de los Condes de Aranda, que se comunica con su iglesia mediante un pasadizo puente sobre la calle. Fue fundación de los mismos en 1621, concretamente siendo portadores del título don Antonio Ximénez de Urrea y doña Luisa Padilla y Manrique.

 
 

Se trata de un gran edificio de planta rectangular construido en ladrillo.

 
FACHADA TRASERA
FACHADA LATERAL
 

La fachada principal se sitúa al sur, y en ella se presenta una doble portada gemela realizadas con piedra sillar de Calatorao. La de la derecha se corresponde con la de entrada a la iglesia, mientras que la izquierda tiene una función ornamental al estilo del gusto barroco de disponer este tipo de elementos para dar mayor grandeza y vistosidad a los edificios.

El vano central abre en arco de medio punto entre pilastras cajeadas que sustentan un entablamento en el que apea un frontón triangular partido decorado en los laterales con bolas y en el centro con un alto pináculo. En las bolas de ambas portadas situadas al centro de la fachada apoyan las garras de un gran águila bicéfala en cuyo centro se cobija el escudo de armas de los Aranda.

 
DOBLE PORTADA
AGUILA BICEFALA
 

Se corona la fachada con una pequeña espadaña o campanil realizado también en ladrillo.

Está compuesta por un doble vano doblado en arco de medio punto que remata en un frontón curvo partido con dos espacios cóncavos laterales y un pequeño remate central formado por ladrillos cuadrados dispuestos alternativamente en esquinilla. Entre los arcos y el frontón una pequeña franja, todavía conserva algunos restos de cerámica, cerámica que también estaba presente en la imposta que recorre los muros laterales y central a la altura del arranque de los arcos.

 
ESPADAÑA
 
 
 

En la parte superior de la fachada se abre una doble galería de arquillos doblados formada por doce la baja y por tres centrados respecto a la inferior la alta.

 
GALERIAS DE ARQUILLOS
 

La misma disposición se repite en la fachada posterior del convento, que queda casi en su totalidad tapiada por el muro que cierra el espacio trasero del mismo. Ocupando los muros laterales en toda su longitud continúa debajo del alero, la galería baja.

Todos los vanos presentan la misma disposición: antepecho y arco cegados, quedando en el centro un espacio rectangular, excepto en los seis correspondientes a la segunda fila de los muros anterior y posterior que son cuadrados. Estos espacios están cubiertos en su totalidad con celosías de yeso que recogen motivos de clara tradición mudéjar. Actualmente la mayoría de ellas han sido cegadas por el interior lo que, unido al mal estado de algunas, desluce bastante su vista.

 
 

Gonzalo Borrás es quien las ha estudiado y clasificado en trece motivos diferentes con algunas pequeñas variaciones. Fechables  durante la construcción del convento, entre 1621 y 1629, sorprende el arcaísmo de algunos de los motivos que se adoptan, dado lo tardío de su realización y la desaparición ya de los artífices mudéjares, constituyendo, según dicho autor, “un testimonio tardío de una tradición ornamental hispanomusulmana, que se remonta a lo más antiguo del primer arte musulmán”.

Nada mejor que seguir las descripciones del citado autor a la hora de comentar, en las dos páginas siguientes, los diferentes motivos ornamentales.

 
 
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