La
fundación
La
fundación del Monasterio de la Resurrección de Zaragoza es obra de doña
Marquesa Gil de Rada en los primeros años del siglo XIV. Hasta que Fernando
López Rajadel presenta sus investigaciones sobre el tema en las II Jornadas de
Estudio de
la Orden
del Santo Sepulcro en 1995, se venía aceptando para este hecho la fecha de 1276
en la que Zurita recoge el nombre de la fundadora. Como es en este año cuando
muere el rey Jaime I el Conquistador, el historiador hace una reseña de su vida
en la que incluye la relación de sus hijos, entre los que se cita a Pedro
Fernández de Híjar, hijo legitimo, que lo tuvo con Berenguela Fernández, y del
que dice que estuvo casado en segundas nupcias con Marquesa Gil de Rada, que
fundo el monasterio del Santo Sepulcro de Zaragoza. Ahora sabemos que es en el año 1304 cuando
debe de datarse la fundación, fecha en la que doña Marquesa otorga testamento
poco antes de su muerte.
Una
segunda cuestión que también clarifica la investigación de López Rajadel es la
relacionada con algunos de sus datos biográficos que la hacen hija natural del
rey Teobaldo de Navarra y de una tal Marquesa López de Rada. A pesar de los
pocos elementos disponibles, se puede afirmar que fue hija de don Gil de Rada
II, quien tuvo gran influencia en las cortes de los reyes de Navarra y de
Aragón, y doña Marquesa López de Haro.
En cuanto
a su marido, don Pedro Fernández de Híjar, fue reconocido como hijo en el
testamento que Jaime I otorga en 1272, aunque cuatro años antes, en 1268, le
había hecho ya donación del Señorío de Híjar. Casado en primeras nupcias con
doña Teresa Gombal de Entenza, a la muerte de ésta sin haberle dado
descendencia, contrajo matrimonio con doña Marquesa en fecha imprecisa, aunque
anterior a 1285, ya que en este año ambos confirman la carta de población que
don Pedro y su primera mujer habían concedido a los pobladores de Híjar. Pedro
Fernández debió de morir en la primavera de 1300, heredando el Señorío su hijo,
del mismo nombre, fruto de su matrimonio con doña Marquesa.
Es en este
año de 1300 cuando puede decirse que nace la institución monástica,
concretamente el 10 de noviembre, cuando, ante Joan de Escatrón, notario de
Híjar, la fundadora, que acababa de enviudar hacía unos meses, se hace “freyra
e sierva” de la orden del Santo Sepulcro y funda una comunidad religiosa de
la Orden
que toma como sede la
iglesia y casas de Santa María de
la Villa Vieja
de Híjar, dotándola de varias de sus
propiedades. La nueva fundación la coloca bajo el Prior de
la Orden
del Santo Sepulcro de
Aragón, reservándose su familia el Patronato sobre el monasterio.
Un
documento importante para conocer esta primera etapa de
la Orden
en Híjar lo constituye
el testamento de doña Marquesa, otorgado en Híjar ante el notario Bartolomé
Marcho, de Samper de Calanda, el día 28 de enero de 1304, una copia del cual se
conserva
en el archivo del Monasterio y que también fue dado a conocer por
López Rajadel. Es en este documento donde aparece por primera vez su voluntad
de edificar una capilla del Santo Sepulcro en Zaragoza, donde deberá ser
enterrada si la iglesia de Santa María de
la Villa Vieja
de Híjar
no pasaba a poder de
la Orden
:
“primeramente eleyo la mia sepultura en al iglesia de Santa María de
la Villa Viellya
de
Izar, soz tal condicion, si el dito lugar fincara a
la Horden
del Santo Sepulcro.
E si a la dita Horden non fincara que seya traslatato el mi cuerpo a la
capiella mia de Çaragoça, la qual yo edifique ha honor de Deus et de
la Horden
del Santo Sepulcro”.
La Comunidad
debió de
ser reducida en sus inicios, conociéndose los nombres de las mujeres que
acompañaron a la fundadora en su retiro. Fueron doña Teresa López de Rada, doña
Urraca López de Rada y Marquesa, que al citarse solamente con el nombre parece
ser que era una niña o joven de la que no se dice expresamente que fuese monja,
a quienes llama en su testamento “parientas”. Además había otras siete mujeres
de una condición social inferior. Así, ya desde el comienzo la comunidad se
divide en personas de tres categorías: las “dueñas” eran las monjas, de
condición social más elevada; las “monjas de obediencia” y la siervas serían
las encargadas de realizar las tareas domésticas; por último, las niñas y
chicas jóvenes que ingresaban en la comunidad con sus madres viudas, o que eran
entregadas a la misma para su educación y custodia, como sería el caso de
Marquesa. A ellas habría que añadir el capellán, que en estos primeros momentos
es fray Miguel de Olorón, miembro de
la Orden
del Santo Sepulcro.
Parece ser
que doña Marquesa falleció al poco de otorgar testamento, pues se cita como
difunta en la orden, fechada el 15 de marzo de 1304 en Calatayud, que el rey
Jaime II de Aragón da a Gil Tarin, Merino de Zaragoza, para que cambie unos
corrales del rey, situados extramuros de la ciudad, por otras propiedades de
la Orden
del Santo Sepulcro.
Esta petición la había hecho el prior del Santo
Sepulcro de Calatayud para
construir en el lugar que ocupaban estos corrales un monasterio de
la Orden. El
cambio de los
corrales por unas casas propiedad del Santo Sepulcro en la parroquia de San
Pablo se realizó en 1310.
También
conocemos un documento fechado el 15 de junio de ese mismo año, por el que el
mismo rey, a petición del Prior de Calatayud, fray Fernando de Verdejo, concede
licencia para abrir un postigo o puerta en el muro de la ciudad contiguo a las
casa que dono doña Marquesa para la construcción del monasterio.
La
fundación canónica del monasterio tiene lugar el 13 de mayo de 1306, cuando las
religiosas que integran la comunidad prestan obediencia ante fray Bernardo,
Prior de
la Orden
del Santo Sepulcro de Jerusalén, y se someten a la regla y costumbres de
la Orden, comprometiéndose a
seguir la liturgia de Jerusalén, siendo testigos otros miembros de
la Orden
, entre los que se cita
a Pedro de Lacería, a fray Fernando de Verdejo, Prior de Aragón, y a fray Pedro
de Barbastro, prior de Castilla. A este acto de obediencia siguió la
confirmación de doña Teresa López de Rada como priora del monasterio,
imponiéndole fray Bernardo el anillo distintivo de su autoridad.