En pleno centro de la Ciudad se levanta la Iglesia de San Miguel de los Navarros, en un lateral de la plaza de su mismo nombre. Hay constancia de su existencia desde la reconquista de la ciudad en 1118, adscrita a la Seo de San Salvador hasta el año 1260 en que figura como parroquia independiente.
Nada ha quedado de la primitiva fábrica románica, habiéndose sustituido por la que podemos ver en la actualidad de estilo mudéjar con reformas y ampliaciones barrocas del siglo XVII. Aunque no se conocen noticias documentales sobre la construcción del templo, teniendo en cuenta sus características artísticas, Gonzalo Borrás y otros autores la han datado en el siglo XIV. Apoya esta cronología la aportación de Angel Canellas sobre la torre, según la cual se estaba edificando en 1396 por los maestros Esteban y Pascual Ferriz. Además, en el interior y exterior del ábside aparece un motivo heráldico consistente en una gran cruz flordelisada recruzada, que también se puede ver en dos iglesias mudéjares de la provincia: Herrera de los Navarros y Azuara, ambas datadas en este siglo XIV. Incluso la iglesia comparte con la localidad de Herrera el topónimo de “los Navarros”.
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Orientada canónicamente, al exterior se pueden observan exentos la fachada principal o norte y el ábside poligonal de la cabecera. El muro de los pies queda totalmente oculto por construcciones adosadas, mientras que el lado sur lo cubre hasta media altura la nave lateral añadida en la reforma barroca y otras dependencias parroquiales.
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En el tramo de la cabecera de la fachada principal se aprecia la estructura original de la iglesia a base de capillas entre contrafuertes que abren a la nave principal. Como se puede observar, las capillas tienen poca profundidad como corresponde al estilo mudéjar, ya que ocupan únicamente la anchura de los contrafuertes.
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La entrada abre en el tramo de los pies de esta misma fachada. Obra del maestro Juan de Marca, corresponde a la reforma del siglo XVII. De estilo protobarroco de tradición herreriana, parece que resulta arcaizante para la época. La hornacina la ocupa una imagen de San Miguel en yeso tallado, obra de Gregorio de Mesa. Protege el conjunto en la parte superior una gran concha volada.
Llama la atención una pequeña puerta en arco apuntado con alfiz situada a la izquierda de la principal. Es obra nueva abierta en la restauración efectuada por Fernando Chueca Goitia que sirve para facilitar el acceso al interior de las personas con movilidad reducida.
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