un recorrido por el arte mudéjar aragonés
webmaster: José Antonio Tolosa (Zaragoza -España-)

CASTILLO (ALBALATE DEL ARZOBISPO)


Antes de pasar a la capilla hay que detenerse a observar la pequeña torre que se levanta en la esquina suroeste del edificio. Edificada en el siglo XVI a la vez que las obras del presbiterio, sobre un basamento de piedra sillar se levantan dos cuerpos de ladrillo de planta octogonal sin contrafuertes

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El primer cuerpo es ciego y únicamente una banda de esquinillas en dientes de sierra en cada uno de sus lados lo decora.

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En el segundo cuerpo abren ocho alargados vanos en arco de medio punto doblado.

Dos bandas de esquinillas dispuestas al tresbolillo entre finas impostas a base de ladrillo a sardinel ocupan la parte inferior y superior del cuerpo. Una cornisa sobre ménsulas en forma de pirámide invertida sustenta el remate octogonal. Hasta hace pocos años, coronaba la torre una imagen del Sagrado Corazón.

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El último elemento que resta por ver es también el más interesante del castillo. Se trata de la capilla, una de las joyas del gótico aragonés. De planta rectangular, ocupa toda la segunda planta del edificio residencial. Su construcción se atribuye al arzobispo Ximeno de Luna dentro de las importantes reformas que realizó en el castillo en el siglo XIV.

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De planta rectangular y de gran sobriedad, se cubre con techumbre de madera que apea en seis arcos diafragma, techumbre que no se corresponde con el alfarje original decorado y pintado que todavía pudo ver La Figuera en 1910: “...está dividida en seis tramos por medio de arcos apuntados que tienen casi la luz de 7 m de la capilla, sobre cuyos arcos apuntados va una cornisa de madera compuesta de moldura policromada, canetes con entrepaños ocupados por escudos policromados, y moldura final sobre la que apoyan las viguetas labradas y policromadas del techo, cuyos espacios intermedios están cubiertos con tablazón también pintada”.

Otro elemento interesante dentro de lo mudéjar lo constituye la solería que cubre el piso. Intercaladas entre las baldosas rectangulares se colocaron piezas de cerámica blancas y verdes que reproducen formas y motivos idénticos a los que se pueden contemplar en las torres mudéjares turolenses: dameros, bandas de estrellas blancas de ocho puntas  y de rombos sobre fondo verde y líneas de espiga alternando ambos tonos componen los motivos que se distribuyen en seis grandes espacios rectangulares orlados por una banda de estrellas de ocho y dos de espigas. Cada uno de estos espacios se divide a su vez en ocho cuadrados mediante bandas de octógonos blancos con un damero de ocho por seis en el centro del conjunto. Finalmente, el centro de cada uno de los seis espacios menores lo ocupa una estrecha de ocho.

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Aunque la mayor parte de las piezas cerámicas han sido repuestas en la restauración aún quedan algunas de las originales fácilmente distinguibles por su desgaste.

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